La desnutrición infantil sigue siendo un profundo desafío mundial, que afecta de manera desproporcionada a los niños en entornos con bajos recursos y humanitarios. Es tanto un problema clínico complejo como de salud pública, que requiere intervenciones multisectoriales y específicas para cada contexto. Abordar este desafío es esencial para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas (ODS) y avanzar hacia la cobertura sanitaria universal (CSU).
Numerosos factores contribuyen a la inseguridad alimentaria y a los desafíos nutricionales, incluidos los conflictos, las disparidades socioeconómicas y las condiciones de vida inadecuadas. Los eventos relacionados con el cambio climático, como las sequías y las lluvias irregulares, interrumpen la producción agrícola, lo que pone aún más en peligro la seguridad alimentaria y exacerba los riesgos nutricionales.
Además, la desnutrición en los niños puede ser el resultado de infecciones agudas graves o recurrentes y puede estar asociada con afecciones como la tuberculosis, infecciones crónicas como el VIH y otras enfermedades crónicas. La mala salud materna y el acceso limitado a una atención perinatal de calidad plantean riesgos importantes tanto para las madres como para sus recién nacidos o lactantes. Las comunidades desplazadas y las afectadas por crisis humanitarias se enfrentan a mayores riesgos para la salud, incluido un aumento de la vulnerabilidad a la desnutrición.
Una respuesta a la desnutrición comienza con la detección temprana de la desnutrición a través de programas comunitarios. Esto debe complementarse con un enfoque integral para el manejo de los niños desnutridos tanto en entornos ambulatorios como hospitalarios. La atención posterior al alta y el apoyo familiar son fundamentales, con un enfoque particular en abordar las condiciones de vida precarias para garantizar la recuperación y la estabilidad a largo plazo para los niños y sus familias.
Las directrices de la OMS, UNICEF y las organizaciones humanitarias describen estrategias específicas para cada contexto para la atención de niños en estado crítico con desnutrición aguda grave (DAG) y desnutrición aguda moderada (DAM)









